
Nunca he sido niña rica, y a pesar de que fui muy consentida por ser la x'tub de salud delicada en la familia, esto no significó que mis padres permitieran que mi vida estuviera rodeada de ocio.
En realidad, mi ocio era meramente curiosidad, todo lo normal que un rapaz puede ser. Pero desde esa época yo me consideré una niña que vivía en una familia rara, porque en mi hogar no había teléfono y no hubo televisión sino hasta que yo estuve en la secundaria. Tampoco me era permitido comprar revistas juveniles (Tú y Notitas Musicales eran mis favoritas, aparte de unas revistas de farándula cuyo nombre no recuerdo), y sin embargo las compraba a escondidas, porque mi mamá las consideraba basura.
Pero, acorde a la generación que me tocó vivir, creo que tuve una buena educación, no sólo la que impartían en la escuela, sino también la autodidacta (que yo me impartí) y la que recibí en el seno familiar.
Prueba de ello fue que a una edad muy díficil por la que pasa todo ser humano, la adolescencia, era que me gustaba, como hasta ahora, descubir que tenía yo talento para algunas manualidades, como el macramé y algo de origami. El bordado nunca se me dió, así como la costura y el tejido en crochet y dos agujas... ¡y créanme que lo intenté!
Así que cuando mis padres se sentaban a gustar las telenovelas vespertinas, hete aquí que mi madre y yo siempre hacíamos algo además de ver televisión, ya sea que las viejas manos de mamá le daban duro al ganchillo o al bastidor de las hamacas, y yo experimentando con mis hilos o mi papel.
Es por eso que no entiendo a los chiquitos de ahora. Es la brecha generacional. Así como mis padres cuestionaron el sistema educativo de mi época y se maravillaron con el avance de la tecnología, así me ha sucedido a mí. No entiendo el porqué de la actual reforma educativa. Y, a pesar de que trato de seguirle el paso a la avalancha de widgets y gadgets que inundan el mundo moderno, así como me horroriza el notar las libertades y falta de respeto que la juventud de ahora tiene hacia sus progenitores.
¡Ahhh! Pero inicié este escrito con "nunca fui niña rica". Porque también surge una comparación entre las niñas ricas de mi época y las de ahora. Las chicas de antes también sabían costurar, bordar, hilar o tejer. A esto último se le llama hacer calceta, porque supuestamente los calcetines eran tejidos a mano. En lo personal, este término ya lo utilizo para cualquier manualidad. El chiste es no pasar demasiado tiempo en ocio. Haz algo creativo mientras la vida se vuelve contra tí.
Claro que las mamás de ahora salen con el pretexto de que, como trabajan, no tienen el tiempo y dedicación suficientes para imponer tal disciplina a sus vástagos. Es mucho más fácil "enchufarlos", como dice Adriana, frente a una pantalla con su Xbox, PSP y demás novedades tecnológicas, o dejarlos descubrir el mundo a través de la Internet.
Yo siento que así es demasiado fácil tener una familia. Creo que esa es una de las razones del crecimiento demográfico indiscrimidado (con la consecuencia del incremento en drogas, pandillas, vandalismo, etc), teniendo como resultado una dispersión del ocio proporcional a nuestro cansancio y apatía por no querer tomar una responsabilidad tan importante como es la de tener hijos.
Es verdad que antes las mujeres eran educadas para dedicarse a su familia. Ahora tienen empleos importantes e incluso responsabilidades sociales mucho mayores que las de hace 25 años. Claro que también existen las adolescentes descuidadas, que por no tener una pizca de cuidado lanzan una vida extra que les arruina parcialmente sus metas en la vida y "deben" afrontar su responsabilidad con fuertes golpes en el pecho.
La sociedad moderna es ahora muy complicada. Pero además de la educación familiar y de la educación escolar, existe un descuido muy fuerte por la educación personal, esa que nos permite hacernos conscientes y responsables de nuestros actos.
Sin eso, no existen seres humanos inteligentes.